lunes, 22 de octubre de 2012

Reforcemos y oremos


¡Hey! ¡ñaño! 
¿Otro cumpleaños y yo tan lejos? No pasa nada. Lo más importante es verte bien, sonriente en cada momento que gozas al frente de tu edén ¡feliz y contento! Me enorgullece tu vida, me entristece el no verte, me enriquece el quererte de noche y de día. Veo tus fotos, leo tus versos, comparto la esencia de tus pensamientos. Sigo tus pasos, y recojo el reflejo de cada detalle que vives, empero quisiera sentirlos como siente el arriero cuando guía la carga de todos primero. ¿Será nuestra sangre? ¿Será nuestro padre? Tal vez, sea el amor que pequeño sembraste, siendo el amigo que nunca fallaste.

Perdona mi ausencia, ¡otra vez, te lo ruego! Ya van muchos años pidiéndolo al cielo. Recuerda: Dios de todo tiempo es el dueño. Sigamos pa`lante confiando en los rezos y en este tu día: reforcemos y oremos
Señor, Bendice a nuestros padres, nos dieron la vida; Bendice a nuestros hijos, son nuestra vida; Bendice a sus madres, cuidan de sus vidas. Sigue Bendiciendo a nuestras familias como hermanos unidos en el amor y permite que nos re-encontremos muy pronto y nuestros pasos caminen juntos hacia el final de tu morada.
En el nombre de Jesús, el hermano mayor. ¡Te lo pedimos, Señor!

Alex, simplemente te amo. Y aunque en mis palabras se lean errores ¡No te preocupes! Serán las pasiones que mueven de mi alama tantos clamores con frases que invitan a más corazones:
“Olvidar las razones que impidan llenaros de amor y perdón; fuerza, valor, fe y esperanza; gratitud y confianza. Para vivir cada día como el último día.”
 Con esta misma invitación para los dos termino imaginándome sentado en el Mesón; cantando un cumpleaños al ritmo de un buen Son con este panadero que me inspira el corazón.

¡Felicidades, ñaño!


German Dario Ricaurte García
-panadero de la vida- 



domingo, 21 de octubre de 2012

Almas escogidas


Hay relaciones especiales forjadas del camino y
sensaciones naturales que conectan los sentidos.
Hay diminutos detalles que fomentan el cariño y
personas que en segundos, dibujando una sonrisa,
transforman el destino.
Nadie huye a sus palabras... ¡tan conciliadoras!
Nadie escapa a su mirada… ¡tan cautivadora! 
De su aurora reflejada, escapa, sin malicia, toda la esperanza
que contagia una caricia; con abrazos de alegría,
besos de nobleza y soplos de energía, como almas escogidas.  

Hay quien lo ve, quien lo siente, quien lo expresa y
quien lo  vive cada día, como el único de su vida.
Hoy te escribo convencido, desde adentro
y con franqueza y por detalles percibidos: 
¡Que eres tú, una de esas relaciones especiales, con que Dios me ha Bendecido!


German Darío Ricaurte García
-panadero de la vida-







lunes, 8 de octubre de 2012

El SECUESTRO DEL ACERO




Con esa exactitud tan característica de la ciencia, el arco se deslizaba sobre el lomo de la víctima mientras crujía de dolor, aquella estructura maltrecha de su cuerpo. El chirrido atemorizaba. La energía recubría de placer a su victimario. Asomaba tras el humo y el olor a grasa quemada, la luz de la tortura. 

A quienes presenciamos temblorosos tal escena de pánico y terror, las chispas aceleraron nuestros latidos por el sufrimiento de aquel monstruo; capaz de soportar en silencio los ensañamientos de una radial enloquecida. Sólo bajo los conceptos físicos del soldador ‘El Veleta’ partió con rumbo norte hacía el puerto de Livorno.


Baker life
Panaderodelavida.blogspot.com 



                                                                                                                                  






CÓMPLICES

Sólo la entereza de experto cirujano, permitió al Dr. Moreau, aquella extracción balística cerca al corazón de un chico llamado Paul. El secuestro del niño de diez años en el Rabobank, de la Rue Saint Lázaro, había desencadenado un tiroteo. El vigilante del banco, liberaba el niño de los brazos del secuestrador, mientras balbuceaba por un doctor.

Las manos ensangrentadas del Dr. Moreau, habían recibido —hacía unos disparos antes—, una medalla con la foto de aquel niño abrazando al moribundo que yacía al costado. «Cuida de él» –escuchó el doctor. Y leyó en la medalla: "Antoine y Paul, Moreau"

MANCHO

Panadero de la Vida